Lo que nos importa

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo» reza el segundo mandamiento según el Jesús del evangelio de Mateo. Ese mandamiento parece casi imposible de cumplir. La Historia nos revela a cada paso lo poco o nada que la mayoría de los hombres de ambos géneros ama a su prójimo, de lo que habría que deducir que esa mayoría se ama muy poco o nada. Hay momentos históricos en que esta falta de amor universal se manifiesta de un modo horripilante. Momentos de guerras entre países, como la de Ucrania, por ejemplo; de guerras entre vecinos, como por ejemplo la de Sudán; de represión salvaje de la libertad por parte de regímenes totalitarios, como en Irán, Afganistán, Arabia Saudita y no paremos de contar; de difusión del odio al adversario como medio de conseguir el poder, como en todos los países en que intenta abrirse camino el fascismo disfrazado del término vacuo de «derechas». Pues sí, la historia de nuestro hoy es uno de esos momentos horripilantes.

Hace poco, en los Estados Unidos emergía un político hasta entonces poco conocido al que de repente los medios empezaron a presentar como posible sustituto de Trump en la candidatura republicana a la presidencia de 2024. Ron DeSantis, gobernador de Florida, ha conseguido saltar a primera plana de prensa y a informativos y programas de análisis político de máxima audiencia por su reto a Donald Trump. Como gobernador de Florida, las leyes que ha logrado aprobar el individuo superan lo más retrógrado y totalitario del trumpismo. Negacionista de realidades como la eficacia de las vacunas y el confinamiento en los peores momentos de la epidemia de Covid y negacionista del cambio climático; xenófobo que empezó a trasladar a inmigrantes ilegales que pedían asilo a estados gobernados por demócratas, en pleno invierno, sin ropa adecuada ni alimentos y sin avisar a los estados de destino para que pudieran asistir a los deportados; totalitario que ha impuesto en su estado una ideología nacional-cristiana que pervierte los conceptos de Cristo y nación prohibiendo en todos los centros educativos la enseñanza de la historia de los negros en  Estados Unidos, prohibiendo en clase toda referencia al género y a la homosexualidad, prohibiendo en las bibliotecas de colegios todos los libros que puedan contener referencias al sexo, prohibiendo el aborto, prohibiendo, prohibiendo, a de DeSantis y su gobierno solo les falta organizar quemas de libros para hacer aún más evidente y espectacular su similitud a la política de la Alemania nazi. ¿Tiene esto importancia para España? Un ex gobernador de Florida condensa la figura del individuo definiéndolo como «una de las mayores amenazas contra la democracia». ¿Sólo contra la democracia americana?

Dicen ciertas encuestas que el PP ganaría las elecciones generales si se celebraran hoy y que podría gobernar con Vox. La unión de esos dos partidos, calificados de «derechas» por respeto a una malentendida corrección política, produciría en España un clima de crispación, de lucha de clases por el enriquecimiento de los más ricos y el empobrecimiento de los pobres, de rechazo al extranjero, de pérdida de derechos para las mujeres con excepción de aquellas que pudieran exhibirse como elementos decorativos, de pérdida de derechos para los homosexuales y para todos aquellos que contravinieran lo establecido por el poder. Prometen reducir impuestos. La reducción de impuestos a las grandes fortunas y empresas se traduciría en rebaja de fondos para la sanidad y la educación públicas, para la dependencia, para todos los servicios que palían la desigualdad y ayudan a los desfavorecidos a superar su situación. O sea que, para resumir, un gobierno de dos partidos de ideología y estrategia fascista extendería a toda España la realidad que hoy sufren los que menos tienen en Madrid, donde PP y Vox, brazo con brazo, entienden que la libertad es facultad natural y exclusiva de quienes comulgan con sus partidos en el mismo altar y que la democracia es, por ende, un régimen en el que se respeta la libertad y la igualdad sólo de quien pueda pagarlas.

Cuesta entender qué lleva a algunas personas a pergeñar políticas que perjudican a la mayoría de los ciudadanos de un país. Cuesta más aún entender qué lleva a millones de ciudadanos a entregar el poder con sus votos a esos políticos nefastos. Cuesta entender qué lleva a un ser humano a vivir haciendo daño conscientemente a los demás y qué lleva a una parte considerable de los demás a dejar que el engaño les convierta en víctimas. Tanto cuesta entender la maldad que, para explicarla, todas las culturas inventaron  en tiempos inmemoriales la existencia e intervención de seres sobrenaturales malignos. Hoy se buscan explicaciones más científicas o más enrevesadas. La explicación más lógica y sencilla, sin embargo, se encuentra en ese mandamiento que Mateo Leví atribuyó a Jesús: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Un mandamiento terrible porque revela, a quien se atreva a asomarse al fondo, que millones de seres humanos se detestan. 

Dicen eruditos de diversas materias que para actuar contra un prójimo convirtiéndolo en enemigo a eliminar, es necesario deshumanizarlo. Eso es lo que pretende la propaganda fascista, por ejemplo. Pero, ¿y si no se trata de deshumanizar a otro? ¿Y si se trata de deshumanizarse uno mismo? o ¿y si no hace falta deshumanizarse en un momento concreto  porque uno ha vivido siempre deshumanizado?                   

Hace unos meses, Cassidy Hutchinson, una joven de 25 años que había sido asistente del ex-Jefe de Gabinete de Donald Trump, asombró a toda la nación americana testificando contra el ex presidente ante el comité que investigaba en el Congreso el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021. A pesar de presiones y amenazas, Cassidy Hutchinson dijo que había decidido decir la verdad porque quería seguir aprobando el «test del espejo» el resto de su vida. ¿Cuántos se miran al espejo y, en vez de conformarse con ver su apariencia física, se detienen a profundizar en su interior, a dialogar con su propia mente? ¿Cuántos ven en su propia imagen la imagen de un ser humano al que se debe amar antes y por encima de todo para poder amar a los demás? Es cierto que el amor no se puede imponer a nadie. Pero sí es posible que esa prueba del espejo logre que alguien descubra la compasión.

Se acercan unas elecciones; unas elecciones en las que decidimos quiénes van a gobernar nuestras comunidades más próximas, quiénes van a mejorar o a perjudicar o a dejar igual nuestra vida y la vida de nuestros vecinos; unas elecciones que pondrán a prueba nuestra humanidad. A todo el que vaya a ejercer su derecho al voto conviene informarse, aunque sea someramente, sobre lo que prometen los partidos y, lo que es mucho más importante, lo que han hecho en las comunidades autónomas y ayuntamientos donde han gobernado. Pero para poder cuestionar la ideología propia o la que se ha aceptado por influencia de otros, para poder votar libre de toda imposición ajena a uno mismo, nada mejor que la prueba del espejo. La prueba del espejo es, sobre todo, necesaria para quien haya decidido no votar. Tal vez cambie de opinión si dialogando consigo mismo, su propia imagen le pregunta, sorprendida, «¿Tan poco te importas?»                       

Publicado por MARIA MIR-ROCAFORT - WEB

Bloguera. Columnista

2 comentarios sobre “Lo que nos importa

  1. Comparto contigo esa reflexión que haces al principio del artículo. O nos queremos muy poco a nosotros mismos o hemos convertido esta sociedad en un lugar hedonista lleno de individualidades.
    Al mencionar las guerras te has dejado una que a mí me importa mucho, una guerra y un saqueo constante de los territorios que siempre habían sido de los palestinos. Hablo, como ya puedes imaginar, de esa derecha que gobierna como un martillo sobre un yunque al que no permite levantar cabeza, los sionistas.
    La mala conciencia de Occidente después de la II Guerra Mundial por haber permitido, o mirado para otro ladro, el genocidio nazi sobre los judios, hizo que la resolución de Naciones Unidas 181 de noviembre de 1947, dividiese el territorio de Palestina en dos estados. El 14 de mayo de 1948 David Ben-Gurión proclama el estado de Israel sobre suelo palestino.
    Desde entonces a hoy no han dejado de ocupar más y más tierras, de forma que Palestina se ha reducido a una pequeña franaja en Gaza y otra en Cisjordania.
    Sé, sabemos que la implantación del estado de Israel solo pudo ser posible con la ayuda permanente de los EE.UU.
    Por más resoluciones que ONU y el Consejo de Seguridad hayan proclamado, siempre se encuentran con el veto de Estados Unidos.
    Y en la política estamos como siempre, la mentira, el bulo han tomado carta de naturaleza y los ciudadanos menos avisados tragan con la primera tontería que la prensa amarilla chillón les vende.
    Hay tres cosas que marcan a los egocéntricos de las derechas: Las armas, el dinero y la patria.
    Para enriquecerse crean guerras para vender arsenales inmensos de las armas que fabrican. Para lavar el cerebro de los panolis, les hablan de la patria, de la bandera, de los símbolos. Así ha sido siempre, y mucho me temo que seguirá siendo.
    En la política nacional nada nuevo tampoco. El PP echado al monte tratando de arañar votos a VOX, lo más montaraz e insensato de la política doméstica.
    Por contra, un Gobierno que nos ha traido los mayores avances de nuestra corta democracia, se ve sojuzgado y ninguneado por los bárbaros de siempre.
    El señor que venía a poner cordura y verdad en las filas del PP, resultó ser un espejismo pagado con dinero a la prensa afín. Alguien que en su cortedad y miseria intelectual se le ocurrió retar a Pedro Sánchez porque a él lo habían elegido sus compañeros, no como a Sánchez que ganó unas primarias, pero esto tan simple se conoce que ni lo sabía cuando dijo semejante sandez en el último cara a cara en el Senado.
    Lo que nos importa, al menos a mí y a todos cuantos conozco, es continuar en la senda del progreso, de la mejora de condiciones de vida de todos los ciudadanos de este país, voten a quienes voten, vivan donde vivan y recen a quien recen.
    La antítesis de lo que proponen las derechas montaraces. De su forma de encarar los conflictos y los graves problemas de la economía tenemos sobradas pruebas de la época de Aznar y Rajoy, pero ya saben, no hay peor sordo que el que no quiere oír.
    Ojalá en 28M se hallan lavado bien los oídos y voten con la razón y no con las vísceras.

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