Otro homenaje a la Pachamama

Acto de campaña del PSC en Sort, Pallars Sobirà

Reunión en la sala de plenos del ayuntamiento de Sort, capital de la comarca del Pallars Sobirà. Convoca el PSC para pedir el voto. Un pueblo no da para mítines espectaculares. Por eso a esas reuniones se les llama actos de campaña. Ayer, el PSC ofreció un acto de campaña que fue, en realidad, una reunión de vecinos.

   Hay tres oradores, tres candidatos al Parlament de Cataluña. Cada uno representa un trozo de una región que durante siglos vivió en el misterio. La geografía llama Pirineos a esa región; para la gente es «la montaña». «La montaña» son trozos de tierra, valles rodeados de gigantes oscuros que hacen guardia perpetua para protegerles. En esos valles puede pasar y pasa de todo, como en todas partes, pero todo pasa amparado en el secreto; más que por el secretismo de sus habitantes, por la ignorancia, a veces desprecio de los habitantes de la «tierra baja». Pasaron los árabes y se fueron sin montar reinos. Pasaron los judíos huyendo de la locura asesina de los nazis y se quedaron lo justo para reponer fuerzas antes de lanzarse a la aventura y los peligros de las grandes ciudades. Han pasado políticos de las tierras planas que venían a prometer a los nativos el oro y el moro y que en cuanto volvían al bullicio politiquero, olvidaban el silencio preñado de las montañas. Quien pasó y se fue tal vez no se dio cuenta de que abandonaba el valle protegido, el vientre materno de la madre tierra, de la Pachamama de los andinos, de un trozo del mundo que el Dios creador quiso que fuera símbolo de su providencia, realidad palpable de su voluntad de alimentar a la humanidad en su nombre.

   Los tres oradores hablaron de agricultura, de las necesidades de la tierra, de las necesidades del hombre, macho y hembra, de respetar y satisfacer las necesidades de la Pachamama para que la Pachamama pueda seguir alimentando a sus hijos. Hoy eso se llama ecologismo. Los tres oradores hablaron en términos actuales de los problemas actuales de la agricultura y la ganadería y de las soluciones que actualmente necesitan los que se ocupan de estas labores milenarias bajo la presión de la exigencia de los tiempos. La montaña necesita la acción de los políticos para dar a la tierra lo que sus trabajadores necesitan de modo que la tierra pueda devolvernos lo que necesitamos todos para sobrevivir. 

   Pero el hombre, macho y hembra, de hoy, no se conforma con sobrevivir. Quiere cuanto el mundo le ofrece para disfrutar de una vida plena. Y el mundo ofrece parajes estimulantes por su belleza o por sus posibilidades de recreo o por ambas cosas. Después de dos guerras mundiales y décadas de esfuerzo para reconstruir lo destruido por la estupidez infrahumana, el hombre tiene ganas de moverse para ampliar el mundo en el que transcurre su cotidianidad. Nace el turismo.

   Los tres oradores hablaron de turismo porque el turismo ha conseguido lo que no pudieron conseguir ni invasiones ni políticos obsesivamente cosmopolitas. El turista logró penetrar en la montaña y descubrir la belleza de sus valles y el recreo en sus ríos y en las mismas montañas blanquecidas por la nieve. El autóctono descubrió en el turista una fuente de riqueza y descubrió, a la vez, que esa fuente, para seguir manando, exige respeto y normas, como la madre tierra. Hay que dar al turista alojamiento que cubra sus necesidades y expectativas; hay que ofrecerle alimentos que, después de pasar por las cocinas, estimulen y complazcan hambres y gustos. Hay que darle buena acogida y buen servicio. Lo que inmediatamente obliga a volver la mirada a los nativos, a sus condiciones de trabajo, a su derecho a una vida plena, igual al derecho de todos los demás. Y resulta que, como todos los derechos, depende de decisiones políticas.  

   Los tres oradores hablaron de vivienda, de la premura por resolver un problema de todos los habitantes de casi todos los países «civilizados». Si los políticos no son capaces de ofrecer techo digno a quienes no tienen recursos para pagar los precios ascendentes de los alquileres, las calles de todos los países se irán inundando de desposeídos a quienes se les niega hasta su humanidad. En la montaña, el problema tiene componentes trágicos, sobre todo afectivos. La carencia de techos dignos a alquileres razonables es una de las garras monstruosas que empujan a los jóvenes a emigrar.  Otra vez tiene que intervenir la política para que la circunstancia no aleje a los jóvenes de su tierra, de su familia. Pero esta circunstancia no es la única que les puede alejar.

   Los tres oradores hablaron de tecnología. Los viejos entienden poco o nada de satélites, servidores, es decir, de tecnología de comunicación por Internet. Los jóvenes ya no saben vivir en un mundo que carezca de esta tecnología. La montaña no ha podido ponerse totalmente al día en la exigencia de los jóvenes y del mundo entero de comerciar y comunicarse por medios tecnológicamente avanzados. Luego las carencias tecnológicas son otro motivo para que los jóvenes abandonen tierra y familia. Y esas carencias dependen, como todo lo vital, de la política. 

   Tres aspirantes al Parlament expusieron con brevedad necesidades  y lo que su partido ofrece como soluciones y después, ¡oh dioses de lo insólito!, el Primer Secretario del partido dio voz a la concurrencia para que expusiera problemas, soluciones y opiniones. Una reunión de vecinos, vaya; de vecinos que entienden que la política gobierna sus vidas y que, por lo tanto, no pueden dejar sus vidas en manos de los políticos desentendiéndose de toda acción. La democracia da a los ciudadanos el arma más poderosa a la que todo político teme; el voto. El bienestar propio de cada cual depende, por lo tanto, del partido y el candidato al que elija para empatizar con sus problemas y aportar soluciones. Pero los que ayer llenaron la sala de plenos del Ayuntamiento de Sort estaban dispuestos a ir más allá del instante de votar. Los asistentes a esa reunión de vecinos expusieron sus necesidades, sus carencias, su opinión sobre las soluciones que esas necesidades y carencias exigen. Es decir que esos vecinos expusieron, a quienes se ofrecen para representarles, cómo querían ser gobernados.      

   Ninguno de los tres oradores se afanó en pedir votos en aquel acto de campaña. Aquello no era un mitin, era una reunión de vecinos conversando sobre sus problemas y por eso, como broche de oro, el Primer Secretario de los Socialistas de Lleida, Pirineu y Aran pidió a una vieja del público que diera su opinión a la concurrencia,  como si la Pachamama le hubiera recordado lo que los andinos no olvidan; que los viejos encarnan la tradición, que son símbolos vivos de sabiduría, fertilidad y reproducción. La vieja interpelada dudó un instante. Vive con la Pachamama  y su Creador en una montaña solitaria, pero siente a sus vecinos del mundo entero muy cerca porque le importan. Hablar, no habla mucho; todo se le va en escribir. Pero ayer, por no hacer un feo, decidió lanzarse y se lanzó. No habló de ningún tema local. Estaba todo dicho. Escudándose en el bagaje filosófico de Salvador Illa, con la potencia de voz de sus tiempos jóvenes y el aderezo de algunos tacos en memoria de su padre, psicólogo que recomendaba la palabrota para desahogarse, la vieja soltó una arenga sobre la importancia de la política. 

   Ayer, el PSC convocó un acto de campaña para contar a los vecinos lo que pensaban hacer y escuchar a los vecinos para enterarse de lo que ellos creían que hacía falta. En un país ensuciado y rasgado por el politiqueo de politicastros fascistas, Sort, en representación de «la montaña», ofreció a la Pachamama, diosa de la tierra, la tierra misma, un homenaje de sus hijos hermanados en el deseo de prosperar y en la voluntad de luchar con todos los medios a su alcance para seguir prosperando.                      

Publicado por MARIA MIR-ROCAFORT - WEB

Bloguera. Columnista

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