La voluntad contra el odio

Shareen Abu Akleh

Hace algunos años, una conversación en mi despacho se convirtió en una conferencia. Mi interlocutora, psiquiatra dotada con una memoria y claridad de comunicación prodigiosas, empezó a hablar de un libro sobre la deshumanización del enemigo que acaparó toda mi atención. Me dediqué a escucharla. Su explicación del texto tenía la fuerza de una racionalidad indiscutible y esa misma fuerza sacudía el alma con los peores presagios. Aceptar sus tesis era aceptar el triunfo del pesimismo más radical. Mi mente se había negado siempre a aceptarlo y aquella tarde se volvió a negar.

El miércoles saltó la noticia del asesinato de la periodista de Al- Jazeera, Shireen Abu Akleh. Una mujer que hacía su trabajo cubriendo una redada del ejército israelí, recibió en la cara un disparo de un soldado para quien ella no era un ser humano; era un enemigo. Otra víctima del odio a sumar en la lista que nos llega cada día de Ucrania. Pero ayer, un vídeo inmortalizó unos momentos que no caben en lista previa alguna. Mientras parientes y compañeros de la periodista asesinada llevaban su ataúd a la iglesia, la policía israelí se lanzó contra ellos a porrazos porque incumplían la prohibición de llevar banderas palestinas. Solo el valor y la fuerza de quienes lo portaban evitó que el ataúd cayera al suelo. 

La expresión de salvajismo infrahumano de las fuerzas de un orden concebido para aplastar enemigos como si fueran insectos parece corroborar las tesis de aquel libro; los peores presagios del peor pesimismo. Pero resulta igualmente indiscutible que nada puede contra la voluntad de creer. Shireen Abu Akleh era cristiana, y a su iglesia llevaban su cuerpo. En la procesión funeraria había gente de todas las religiones y al paso del féretro, tocaron campanas de todas las iglesias. Su funeral acabó siendo una manifestación de unidad; un desmentido a la proclamación falaz de la victoria del odio. 

Las fotos, los vídeos del funeral de la periodista atraparon mi memoria. Me recordé muchos años atrás en Santiago de Chile, pasando algunos fines de semana en casa de unos amigos de mi madre, un matrimonio de ancianos judíos polacos, ambos supervivientes del campo de exterminio de Treblinka. La anciana cantaba canciones populares judías muy antiguas y hacía los postres más deliciosos que he comido en mi vida. Poco después de aquella estancia, me enteré de lo que había sido el Holocausto. Mi experiencia infantil con aquella gente evitó que todo lo que he vivido después me hiciera antisemita. Mi experiencia adulta me ha llevado a ser anti casi nada. Hace pocos años expresé por qué en un poema que es, de alguna manera, mi respuesta a aquel libro que una tarde me explicó tan bien aquella psiquiatra.

Salmo

Será por mi destino de paso errante.

Será que es cierto

que el oscuro mensaje de la sangre

va, como bardo antiguo,

recorriendo los hijos de los hombres.

Será que por vivirme las historias

que escuchaba o leía

creí haberlas vivido.

Será por lo que fuere,

por lo que fuere tengo

el arpa en Babilonia,

la memoria en Sión,

la llama ardiendo

en el rincón de casa donde posan

mis muertos.

¡Oh, Jerusalén! ¿cómo olvidarte?

¿Cómo olvidar la fuerza de tus brazos

exigiendo a la tierra en la siembra;

el estremecimiento de tu alma  

suplicándole al cielo en la plegaria?

¿Cómo olvidar tus lágrimas regando

siempre tierra de exilio?

¿Cómo olvidar tu sangre

derramada en los campos de todos los reinos,

corriendo por las calles de todas las ciudades,

abrumando todas las conciencias?

¡Oh, Jerusalén! ¿cómo olvidarte?

¿Cómo olvidar tus lágrimas, tu sangre

y la sangre y las lágrimas que vierte

tu defensa asesina?

Será, si alguna vez te olvido,

el día en que mi diestra ya no tenga

memoria que la anime.

El día en que la lengua se me calle.

El día en que el último culpable

justifique la última vileza

del último inocente.

De «El reino nuestro». Antología personal

     

Publicado por MARIA MIR-ROCAFORT - WEB

Bloguera. Columnista

4 comentarios sobre “La voluntad contra el odio

  1. Querida amiga, conmueve tu salmo.
    Yo no he conocido a muchos judios, al menos que yo supiese que lo eran, sin embargo siempre me impresionó el terrible destino que en la historia ha tenido el pueblo hebreo. No obstante, y habiendo conocido a muchos palestinos, siempre me he sentido incómodo al hablar de los sionistas y su ideología nacionalista a ultranza. Israel no es la tierra prometida de nadie, no existe una especie humana elegida por nadie para ocupar y someter a hierro y fuego a los habitantes naturales de Palestina.
    El Holocausto mostró al mundo el nivel de bajeza e inhumanidad que es capaz de lograr una idea de raza superior destinada a conquistar el mundo.Pues bien ¿Qué les decimos a los palestinos que están sufriendo ese mismo tratamiento de quienes fueron víctimas y hoy son verdugos?…Yo no conozco la forma de hacerlo porque las palabras no alcanzan a explicar algunos sentimientos.
    Bauman en su libro «Vida líquida» nos muestra la sociedad de hoy en día en la que lo efímero sustituye a lo permanente; buscamos lo efímero para desecharlo de inmediato y volver a buscar otra cosa nueva que sustituya a la anterior. Así las cosas, la vida se convierte en una búsqueda, casi infinita, de nuevos comienzos.
    No me siento cómodo en esa sociedad, no concuerdo bien con ese afán consumista llevado al paroxismo.
    Vivir es crecer en cuerpo y sobre todo en espíritu, atesorar recuerdos de sonrisas, de lágrimas amargas y lágrimas de felicidad, de los rostros que amamos y de los que hemos amado y ya no están, de respeto a otras vidas, a la naturaleza y a nosotros mismos. Eso creo y con eso vivo.
    Abrazote querida bardo.

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    1. Mil gracias, Javier. No sé si puedes imaginar el efecto que tiene abrir el ordenador por la mañana y encontrarte algo que se define como elogio y que, en realidad, es un empujón para seguir adelante. Gracias otra vez

      Me gusta

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