Mirando hacia la cama, se puso una camiseta y un tejano que había elegido el día anterior con la intención de lucirse. Vio que su amante se despertaba, se desperezaba, la miraba, la veía y sus ojos, aún somnolientos, se iluminaban con una sonrisa. Se estiró la camiseta para que su amante pudiera leer loSigue leyendo «El orgullo de ser raro»