Fue a buscar churros congelados a la nevera abierta. De la nevera abierta, llena desde hacía cuatro días con la gran compra mensual, no salía ningún mal olor. Por fortuna, una borrasca o algo así mantenía la temperatura ambiente de la cocina por debajo del más crudo invierno conocido. Echó los churros en la sarténSigue leyendo «El peligro de la resignación»