Monstruos para quien no quiera verlos

Empiezo, con toda franqueza, por una anécdota que me afectó dolorosamente durante la semana que ayer terminó. Mis dos perros se fueron, montaña abajo, la mañana del lunes, y en vez de volver, como siempre, por la noche, no volvieron. Años de disciplina prepararon mi mente para ocuparse en cosas importantes evitando así regodearme enSigue leyendo «Monstruos para quien no quiera verlos»