Víctimas

Más de un millón y medio de condenados a muerte esperan en Rafah el momento de la ejecución anunciada. Hasta hace no mucho tiempo, masas de infelices con ansia de diversión acudían a las ejecuciones en plazas públicas. Hoy no hace falta desplazarse a lugar alguno para divertirse viendo matar a condenados. Salen en pantallas caras de terror,  miembros amputados, cadáveres, deudos llorando. Con el único movimiento de un dedo sale en cualquier pantalla todo el horror de un mundo creado para el hombre que el hombre empezó a convertir en un horror desde el primer momento en que descubrió la libertad para seguir creando o para destruir todo lo creado. 

«Vio Dios que todo estaba bien», nos dicen que dice el libro que judíos y cristianos aceptan como inspirados por el mismo Dios. Nos dicen que Dios vio buena su obra en el momento de concluirla. Lo que no nos dicen es qué dijo, qué sintió el hombre cuando Dios le entregó toda su obra buena y le dio potestad para hacer con ella lo que le diera la gana. Se entiende que esa libertad absoluta hizo que el hombre se sintiera dios. Dios para matar a otros hombres creados por Dios, para robarles lo que Dios les había dado. Dios hasta para matar al hijo de Dios que pretendía reinar sobre todos. Dios hasta para declararse públicamente ateos, negando la existencia de ser alguno superior a los hombres. Dios hasta para negar la vida eterna del alma. ¿Quién querría vivir eternamente en una eternidad habitada por las almas de los dioses que han convertido la creación de Dios en una inmundicia física y moral?

Millones de palestinos condenados a muerte esperan el momento de su ejecución. A muchos ya no les quedan energías ni para sentir miedo. ¿Resignación? Ni eso. Su cuerpo y su alma ya no pueden sentir otra cosa que dolor y hambre, como otros millones de seres humanos en otras partes reducidos a las sensaciones de cualquier animal comestible mientras esperan el momento en que sus dueños decidan que ha llegado la hora de sacrificarlos. 

Uno de los primeros pasos gigantes hacia el progreso económico lo dieron algunos habitantes del continente europeo y de un continente americano separado en estados que se fueron uniendo para formar el país más rico del mundo. Tanta riqueza en Europa y en América salió del expolio de otro continente; el continente africano. De allí se llevaron, americanos y europeos, cuanto podía servir para enriquecerlos incluyendo mano de obra gratuita de unos individuos que parecían humanos, pero que no podían serlo porque eran negros. Pero no fue en ese momento de la historia cuando se descubrió el valor económico de la esclavitud. Eso se había descubierto siglos atrás en todas partes, en todas las guerras en que los vencedores esclavizaban a sus vencidos agregando a su triunfo el beneficio de la mano de obra gratuita. Los hombres no han entendido nunca que todos los seres humanos son hijos de un Creador y, por lo tanto, hermanos.                

     No se puede conseguir que un rico acepte la fraternidad de todos los seres humanos. Decir a un rico que goza de abundancia de lo material y del reconocimiento social que su abundancia le otorga; decirle que el pobre que carece de todo lo que sobra y hasta de lo que falta es su hermano, suena al rico a sentimentalismo, a religión mal entendida y hasta a blasfemia. Sentimentalismo porque un desheredado de la fortuna no puede pertenecer a la familia de los afortunados; la diferencia no necesita explicación, es evidente. Religión malentendida que roza la blasfemia porque supone culpar a Dios de desheredar arbitrariamente a millones de sus hijos condenando a algunos a  sobrevivir en la miseria como cualquier animal y a otros a suplicar trabajo y a otros a trabajar por lo mínimo para sobrevivir. En los países desarrollados hay otra clase de individuos que justifican a los ricos y culpabilizan a los pobres de su pobreza. Estos forman la llamada clase media; clase de individuos que ignoran a los pobres para que no les confundan y procuran imitar a los ricos con todas sus posibilidades para dar el pego. 

Los ricos y los del medio suelen asistir a iglesias o sinagogas o mezquitas para sentir y pregonar su probidad, pero cada vez son menos los que se toman la molestia de asistir a sus templos o de hablar con sus dioses en su conciencia. Para evitarse el agobio de elucubraciones religiosas y morales, para evitarse el vértigo de aceptar el misterio,  cada vez son más los que alivian sus conciencias negando la existencia de Dios creador. Resulta más tranquilizante aceptar las explicaciones de la Ciencia. Dice la Ciencia que el universo era una sopa y que un día la sopa explotó y con la explosión saltaron infinidad de átomos. Bendita explosión. Esa explosión nos libra del respeto a un Padre omnipotente y del engorro de convivir con millones de hermanos que nos exigen, por lo menos, respeto. Esa explosión hizo posible que el ruido de millones de voces dejara en silencio, para siempre, el corazón del mundo. Ese ruido metió a cada cual en su casa para protegerse del miedo al extraño. Los hombres dejaron de ser la estirpe de Dios Creador y se convirtieron en víctimas.

Hace unos cuantos años, miles de salvajes víctimas de su codicia, agravada ésta  por sus delirios nacionalistas, asesinaron a millones de judíos convitiéndoles en víctimas para apropiarse del bienestar de los de su etnia. Desde hace unos meses, unos judíos salvajes víctimas de su codicia están asesinando palestinos para quedarse con toda su tierra. Las víctimas de tragedias tan cruentas llaman la atención de todos; como llaman la atención las películas de extrema violencia. Pero hay otras víctimas en todas partes que ni saben que lo son. Víctimas de la ignorancia o de la indiferencia, millones de seres humanos que la democracia convierte en ciudadanos con derecho a elegir quién y cómo les va a gobernar, votan por alguien que quiere robarles el poder y enriquecerse con el  producto de su trabajo. No les interesa la política, dicen. No les importa si el partido por el que votan hará su vida más fácil o más difícil según la ideología que le inspire. Abdican los derechos que les otorga su condición de ciudadanos para convertirse en víctimas de quienes solo ambicionan poder y las prebendas que el poder otorga. Cuando esas víctimas de su estupidez entregan el poder a quienes viven víctimas de su codicia y de su corrupción, convierten en víctimas a todos los demás.             

Publicado por MARIA MIR-ROCAFORT - WEB

Bloguera. Columnista

2 comentarios sobre “Víctimas

  1. Vícitmas es un gran atículo escrito con la inteligencia propia de la gente culta y reflexiva. Estas dos cualidades que adornan a María Mir-Rocafort, son excasas en nuestros días, y en épocas pretéritas creo que también.

    El genocidio al que «el pueblo elegido» (sionistas y ultraortodoxos judios) está sometiendo a la población palestina no es casualidad. Desde que Naciones Unidas el 29 de noviembre de 1947 aprobó la resolución que proponía la creación del Estado de Israel, desde que este se hiciese efectivo el 14 de mayo de 1948, con la idea de que conviviesen en Palestina judios y palestinos, el conflicto entre las partes no ha dejado de crecer. Hoy, la étnia dominante, judios, se han apoderado de toda la tierra que en su día fue de los palestinos, esa tierra que Gran Bretaña tuvo bajo su control durante años y que coadyuvó a la creación del Estado de Israel.

    Sabido es que la humanidad de la época asistió horrorizada al Holocausto cometido contra los judios por los nazis. La cobardía de quienes miraron para otro lado durante esos terribles años lavó su conciencia dándo a los judios un lugar en el que vivir. Hasta ahí la explicación de lo primigenio.

    Israel no fue bien acogido, logicamente, por quienes tuvieron que ceder parte de sus tierras para los asentamientos judios. La consecuencia han sido ocho guerras con los países árabes.

    Hoy, la Autoridad Palestina apenas si conserva una pequeña parte de la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén este.

    La Franja de Gaza se ha convertido en una cárcel a cielo abierto, una cárcel donde los sionistas asesinan, impunemente, a cientos de palestinos cada día, van por 30 mil desde octubre de 2023.

    ¿Cómo es posible algo semejante al exterminio propiciado por los nazis entre 1939 y 1945 en 2024?

    Creo que a nadie se le escapa que sin la ayuda y complicidad de EE UU esto no ocurriría.

    Habla María en su artículo de los pobres que se someten a los ricos pretendiendo ser unos de ellos, los llama «clase media», yo añadiría, ultraliberales que no saben que lo son, vícitmas propiciatorias que asumen su estatus como los borregos que pastan engordando para ser sacrificados.

    Cuando en 1968 Stanley Kubrick presentó al mundo su película «2001: Una odisea del espacio», convirtió esta cinta en algo más que una película. Ya desde los títulos de crédito con el fondo musical de «Así habló Zaratrusta» de Richard Strauss, el sonido de los timbales in crescendo, explota con toda la fuerza de los instrumentos de viento. El homínido que coge un fémur y comienza a golpear la osamenta que hay en el suelo, descubre lo que será la primera arma para la humanidad. Siempre me ha sobrecogido esa escena, siempre me ha llevado a la misma conclusión: Ahí comenzó todo.

    Lo anterior me lleva a una frase del artículo de María Mir: «Cada vez son más los que alivian su conciencia negando un Dios creador», y ahí tengo que disentir de mi estimada amiga. Yo no creo en un Dios creador, no me creo ni una sola palabra de la Biblia, creo, porque mi razón y la ciencia lo corroboran, que la vida en la Tierra llegó del espacio, la teoría se llama Panspermia, pero no es la única. La evolución de miles de millones de años hizo el resto.

    Pido disculpas por lo extenso de mi comentario.

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  2. Jamás había visto algo escrito por mí con más faltas de ortografía. Evidentemente el viernes 16 no era mi mejor día.

    Disculpas por mi comentario anterior. Este es el correcto.

    Víctimas es un gran artículo escrito con la inteligencia propia de la gente culta y reflexiva. Estas dos cualidades que adornan a María Mir-Rocafort, son escasas en nuestros días, y en épocas pretéritas creo que también.

    El genocidio al que «el pueblo elegido» (sionistas y ultraortodoxos judíos) está sometiendo a la población palestina no es casualidad. Desde que Naciones Unidas el 29 de noviembre de 1947 aprobó la resolución que proponía la creación del Estado de Israel, desde que este se hiciese efectivo el 14 de mayo de 1948, con la idea de que conviviesen en Palestina judíos y palestinos, el conflicto entre las partes no ha dejado de crecer. Hoy, la etnia dominante, judíos, se han apoderado de toda la tierra que en su día fue de los palestinos, esa tierra que Gran Bretaña tuvo bajo su control durante años y que coadyuvó a la creación del Estado de Israel.

    Sabido es que la humanidad de la época asistió horrorizada al Holocausto cometido contra los judíos por los nazis. La cobardía de quienes miraron para otro lado durante esos terribles años lavó su conciencia dando a los judíos un lugar en el que vivir. Hasta ahí la explicación de lo primigenio.

    Israel no fue bien acogido, lógicamente, por quienes tuvieron que ceder parte de sus tierras para los asentamientos judíos. La consecuencia han sido ocho guerras con los países árabes.

    Hoy, la Autoridad Palestina apenas si conserva una pequeña parte de la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén este.

    La Franja de Gaza se ha convertido en una cárcel a cielo abierto, una cárcel donde los sionistas asesinan, impunemente, a cientos de palestinos cada día, van por 30 mil desde octubre de 2023.

    ¿Cómo es posible algo semejante al exterminio propiciado por los nazis entre 1939 y 1945 en 2024?

    Creo que a nadie se le escapa que sin la ayuda y complicidad de EE UU esto no ocurriría.

    Habla María en su artículo de los pobres que se someten a los ricos pretendiendo ser uno de ellos, los llama «clase media», yo añadiría, ultraliberales que no saben que lo son, víctimas propiciatorias que asumen su estatus como los borregos que pastan engordando para ser sacrificados.

    Cuando en 1968 Stanley Kubrick presentó al mundo su película «2001: Una odisea del espacio», convirtió esta cinta en algo más que una película. Ya desde los títulos de crédito con el fondo musical de «Así habló Zaratrusta» de Richard Strauss, el sonido de los timbales in crescendo, explota con toda la fuerza de los instrumentos de viento. El homínido que coge un fémur y comienza a golpear la osamenta que hay en el suelo, descubre lo que será la primera arma para la humanidad. Siempre me ha sobrecogido esa escena, siempre me ha llevado a la misma conclusión: Ahí comenzó todo.

    Lo anterior me lleva a una frase del artículo de María Mir: «Cada vez son más los que alivian su conciencia negando un Dios creador», y ahí tengo que disentir de mi estimada amiga. Yo no creo en un Dios creador, no me creo ni una sola palabra de la Biblia, creo, porque mi razón y la ciencia lo corroboran, que la vida en la Tierra llegó del espacio, la teoría se llama Panspermia, pero no es la única. La evolución de miles de millones de años hizo el resto.

    Pido disculpas por lo extenso de mi comentario.

     

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