El politiqueo del fascismo

Hablaba en un artículo anterior del estado deplorable de los españoles que evidenció el resultado de las elecciones del 28-M. Considerando el asunto racionalmente y aplicando la nomenclatura de Carlo Cipolla, a ese resultado hay que calificarlo de estúpido; lo que revela que, contando  quienes fueron a votar y quienes se abstuvieron, nuestro país corre el peligro de tener una mayoría de estúpidos que puede llevarnos a la ruina. Y la estupidez rampante no es el único peligro que nos acecha. Al ejército de estúpidos se une la tropa considerable de ignorantes que ni siquiera saben que no saben. Y a la multitud de estúpidos e ignorantes hay que agregar la minoría de malvados que viven de manipular a estúpidos e ignorantes para hacerse con el poder, o sea, los fascistas. Como esto se confirme en las próximas elecciones, España volverá a distinguirse, como en tiempos  pretéritos, por un gran número de ermitaños. A los inteligentes no les quedará otra que escapar de las tribus de homínidos personeiformes, aunque sea haciendo vida en lo alto de una columna porque la tierra firme estará toda ocupada por estúpidos, ignorantes y malvados.       

Los espeluznantes acontecimientos de la semana que hoy termina me obligan a empezar precisando adjetivos para curarme en salud. Por no precisar, por suponer a los lectores de un tuit suyo su mismo nivel de inteligencia y cultura, la presidenta del PSOE de Sevilla tuvo que dimitir por las acusaciones horrísonas que le cayeron por, supuestamente, insultar a Elías Bendodo. Yo no tengo cargo del que me puedan hacer dimitir, pero sí la manía de que se me entienda bien lo que escribo, por lo que empiezo aclarando, para aquellos que no hayan leído mi artículo «Allegro ma non troppo», que al hablar de estúpidos y malvados  no me atengo a las definiciones del diccionario de la Real, sino a las de Carlo Cipolla en su «Leyes fundamentales de la estupidez humana». O sea, que estúpido no es un insulto; lo juro. El adjetivo estúpido califica  la patética  realidad de quien hace daño a los demás sin obtener ningún beneficio para sí y hasta haciéndose daño a sí mismo. Y malvado tampoco es un insulto; también lo juro. Es malvado el que perjudica a los demás obteniendo un beneficio para sí. De aquí que pueda decirse, sin ánimo de insultar a nadie, que a juzgar por los resultados electorales, una mayoría de españoles vota estúpidamente, manipulada por la astucia de una minoría de malvados.

La semana que hoy termina nos ha demostrado, escandalosamente, que una cantidad de personajes con poder e influencia y la inmensa mayoría de los medios han silenciado en España la Política, sustituyéndola por un grosero politiqueo propio del mundo tergiversadamente llamado del corazón. Y lo que puede ser una mayoría de estúpidos ha tragado y, además, agradecido la impostura. Aguantar una tertulia en la que se discutan proyectos de gobierno es de un aburrimiento que al estúpido no se le puede exigir, mucho menos si, encima, es ignorante. Una tertulia de dimes y diretes en la que se discutan mentiras, insultos, altercados, escandaletes de líderes y partidos políticos distrae, y con lo dura que es la vida para todo quisque, es natural que la distracción se valore mucho más que un análisis riguroso. Esta evidencia no tendría nada de malo si no fuera por la cantidad de votantes que eligen la papeleta de su predilección como quien vota en un concurso por el concursante que más le ha divertido. De esa papeleta electoral depende el bienestar o el malestar social de todos los votantes; es decir, la democracia; es decir, la libertad de entregar el gobierno a los más aptos para sacar adelante un país o a los más ineptos para hundirlo. O sea, que el politiqueo parece broma, pero no lo es; al menos para quien entiende que su bienestar, el de su familia y el de los demás depende de la Política con mayúscula. Una líder política importante cuyo nombre ha salido esta semana sopotocientas veces en absolutamente todos los medios de comunicación ha dicho que la política tiene que dejar de ser un problema para la gente común. Hay que joderse. ¿Qué pasa si la política deja de ser un problema para la gente común? Pasa que los políticos pueden prescindir de los problemas que a la gente común afectan y hacer y deshacer lo que les salga del magín o de las glándulas sin que la gente común haga otra cosa que beneficiarse de sus aciertos y sufrir sus errores sin preocuparse porque no es su problema. 

La política es un problema de todos y no puede dejar de serlo porque el día que la gente común piense que no es su problema, estará abdicando de su libertad. Pedro Sánchez dijo esta semana y fue citado, aunque con muchísima menos asiduidad que la líder que quiere librar a la gente común de los problemas de la política; Sánchez dijo que lo importante de la política son los proyectos. ¡Horror! Ante la mención de la palabra proyecto, los fascistas se agitaron como forofos que acaban de ganar un mundial saltando y gritando la palabra que les asigna la estrategia para tumbar a proyecto y a cuanto con cualquier proyecto tenga que ver. Esa palabra mágica es electoralismo. Todo cuanto los socialistas digan que tenga que ver con su proyecto político para la próxima legislatura obedece, según los fascistas, a personalismo, triunfalismo, electoralismo. La realidad es que todo cuanto los socialistas dicen en sus mítines demuestra su absoluta ignorancia sobre la cultura del politiqueo que los medios afines a los fascistas han implantado en el país. Para los fascistas, la política no interesa ni tiene que interesar a nadie.                         

Y veo con miedillo que no he explicado ni jurado que lo de fascistas tampoco es un insulto. Pero lo explicaré en mi próximo artículo. Aquí  quiero dejar muy claro que mi miedillo, la necesidad de explicarme con toda claridad, no obedece a un súbito ataque de paranoia. Atacada, lo estoy, pero por otra cosa. 

El jueves oigo en la radio que Amparo Rubiales ha dimitido como presidenta del PSOE de Sevilla por el escándalo que ha producido un tuit suyo en el que llamaba a Bendodo judío nazi. No me lo puedo creer. Vuelo por Internet a consultar otros medios y sí, es cierto. Atónita me quedo y no por la dimisión de Rubiales. Lo que me deja con la mente en silencio y la boca medio abierta es el pánico; pánico a que en las elecciones del 23-J se demuestre que, en efecto, el país está a punto de irse al carajo porque los estúpidos ya son mayoría (véase «La leyes fundamentales de la estupidez humana»).

Rubiales llama a Bendodo judío y eso se considera un insulto inaceptable. Coño, decía mi padre y enseñaba, en sus clases de Dinámica Mental, que las palabrotas desahogan. Me desahogo. En pleno siglo XXI, después de las persecuciones medievales contra los judíos instigadas por el mito de que los judíos crucificaron a Jesús; después de expulsar a judíos de diferentes países, como la muy histórica expulsión que perpetraron los santos Reyes Católicos de España; después de los pogromos en el imperio ruso; después del Holocausto y de todos los esfuerzos que gobiernos humanos han hecho para desterrar el antisemitismo, resulta que hoy, todavía hoy, la palabra judío es un insulto. A todos los que consideren que la palabra judío es un insulto, digo también para desahogarme, que hay que ser muy bruto. Todo el que considere un insulto la palabra judío es, además de bruto, consciente o inconscientemete, antisemita. 

Elías Bendodo Benasayag, coordinador general del Partido Popular, es judío sefardita. Dudo mucho que llamarle judío le parezca un insulto. Aunque el hombre ha agotado todos los insultos imaginables contra Pedro Sánchez y el PSOE y las mentiras más delirantes que el PP contiene en su estrategia contra el presidente y el gobierno en pleno, es evidente que lo de judío no lo puede utilizar. Elías Bendodo es un politiquero que insulta y miente en nombre de su partido y cuya inteligencia no tiene nada que ver con la de la cantidad de judíos que han merecido el Premio Nobel en ciencias y literatura. Ser judío no es, en modo alguno, un hándicap, pero tampoco una ventaja. Elías Bendodo es coordinador general de un partido que en su trayectoria ha contradicho infinidad de veces los valores que deben regir la conducta de toda persona de bien, sea de la etnia que sea.   

Habrá quien quiera disimular su propia ignorancia diciendo que lo que se consideró un insulto en el tuit de Rubiales fue lo de nazi. Pues tampoco vale. Nazi es la palabra que se utiliza para acortar la ideología nacionalsocialista de extrema derecha del Partido Nacionalisocialista  Alemán. Compartir una ideología política, por repugnantemente infrahumana que a algunos les pueda parecer, es algo que la democracia ampara. Llamar a alguien pepero, como afirmar que es de Vox, puede irritar al sujeto mencionado si no comparte esa ideología, pero no es lo que se considera un insulto.

Entonces, ¿qué quiso decir Amparo Rubiales con ese judío nazi? El horror del Holocausto ha convertido la combinación de esas dos palabras en un oxímoron literario. El error de Rubiales consistió en dar por hecho que los lectores de su tuit entenderían ese recurso sin pensar que habría muchos que ni sabrían lo que es un oxímoron ni se molestarían en preguntárselo a Google. Dejando aparte lo de nazi porque tiene mucha enjundia para tan poco espacio, me permito corregir a Rubiales sustituyendo su epíteto por el de fascista. Elías Bendodo es coordinador general de un partido que, en  la práctica, coincide con la ideología fascista; luego es fascista. 

Lo de judío como etnia me la trae al pairo. Lo que la palabra me trae a la memoria son unas frases que James Joyce pone en boca de Bloom, el judío húngaro de su Ulysses: «Pertenezco a una raza odiada y perseguida. Incluso ahora. En este mismo momento…La fuerza, el odio,la historia…Esta no es vida para los hombres y las mujeres, insultar y odiar. Todo el mundo sabe que eso es exactamente lo contrario de la verdadera vida.» Bendodo y los suyos han sustituído los discursos sobre proyectos políticos por insultos y mentiras que instigan al odio. Bendodo es judío étnicamente; religiosamente y moralmente, no. Y ahora que me denuncien por decir la verdad sin recursos retóricos, coño   

Publicado por MARIA MIR-ROCAFORT - WEB

Bloguera. Columnista

Un comentario en “El politiqueo del fascismo

  1. Tonto el que no entienda.
    Bendodo el judio sefardi, de vivir en Palestina sería sionista, es decir, aquellos que por la fuerza de las armas han sometido al auténtico propietario de esas tierras que ellos llaman Israel y que no es otra cosa que la Palestina inmemorial. El sionista es ultranacionalista y busca su espacio desalojando, cuando no masacrando, a los palestinos.
    Y no, tampoco sionista es un insulto, es la palabra que define a los que acabo de mencionar.
    María Mir-Rocafort borda un artículo que cualquier persona con el suficiente seso firmaría.
    Los politiqueros y la mentira, la falacia, el engaño son un solo ente.
    Es para llorar amargamente el ver como el fascismo resurge con una fuerza que nadie suponíamos pudiesen tener. Hemos tenido una Guerra Civil, cuarenta años de oscurantismo y sometimiento a los caprichos de un dictador ¿Quién podía suponer que nadie fuese a echar de menos todo aquello?…
    No veo televisión, algún informativo y poco más. No oigo tertulias ni presto mucha atención a unos medios que están vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. Pero no obstante percibo un tufo antiguo y rancio que logra descorazonarme.
    Si la coalición PP VOX llega a gobernar algún día, tendré que convenir sin miedo a equivocarme que nuestro país está abarrotado de estúpidos, de débiles mentales y malas personas. Ese será el momento de pensar en buscar nuevos horizontes para no participar del aquelarre fascista ni por acción ni por omisión.
    Pensar que somos el país de la eurozona con el mayor crecimiento del PIB, con la inflacción de las más bajas, sino la más, con 20,8 millones de ciudadanos dados de alta en la SS, algo nunca visto, con la ministra de Economía mejor valorada internacionalmente, con el mejor presidente de Gobierno de toda nuestra democracia, respetado y admirado allá donde va fuera de nuestras fronteras. Si las leyes que ha aprobado este Gobirno en beneficio de pensionistas, parados, personas dependientes… Creo que todos sabemos de lo que hablo. Pues bien si después de todo eso los ciudadanos eligen a una persona estulta, cobarde y mentirosa, entonces daré todo por perdido.

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