Veo y oigo a un hombre de apariencia sumamente digna dirigirse a una audiencia de personas dispuestas a escucharle con el decoro que define a la dignidad. De pronto una voz extemporánea y estentórea interrumpe el discurso pidiendo algo fuera de agenda. El orador prosigue sin inmutarse. La voz vuelve a gritar un par deSigue leyendo «La indignidad de los indignos»